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«Mi nombre es Andrea Compton. Tengo 26 años. Parezco más joven, pero no». Con esta sencilla

«Mi nombre es Andrea Compton. Tengo 26 años. Parezco más joven, pero no». Con esta sencilla frase se presenta una de las «youtubers» españolas más conocidas del momento (hasta el mismísimo Bono, de U2, dijo que veía sus vídeos) y que cuenta con más de 500.000 suscriptores y casi 42 millones de visualizaciones. Ella fue la responsable de mandar a Ariadna Grande a la Feria de Albacete, de «pillar» a Lady Gaga a la salida del Lidl, de darle la réplica española a Scarlett Johansson en la película de animación «¡Canta!» o de la retransmisión de la gala de OT por redes sociales. Y en sus «ratos libres» colabora de forma regular en la radio y tiene tiempo para participar en iniciativas sociales como #YoMeSumo, una acción en redes y colegios de YouTube con el Gobierno para acabar con los mensajes de odio en internet. La «youtuber» charla con ABC en la presentación de esta iniciativa en Madrid, quien junto con otros compañeros tratan de ofrecer un contenido positivo en tiempos convulsos para YouTube. ¿Cómo son los comienzos de Andrea Compton en internet? Empiezo en redes sociales un poco como todo el mundo. A mí me gusta mucho hacer doblajes y me gustaba mucho subir historias cortitas. Había una aplicación que se llamaba Vine que te permitía hacer vídeos de seis segundos. Al principio lo hacía para mis amigos, pero fue creciendo. Me empezó a seguir la gente por la voz, creo que porque les daba curiosidad ver quién estaba detrás de las versiones gamberras que hacía de Barbie o de los personajes de Disney. Vine se quedó un poco corto en cuanto a la comunicación con tus seguidores y decidí probar con YouTube, donde hacía más o menos lo mismo, pero con más opinión, más presencia, contenido más largo… Yo soy muy fan de series, de cine, del merchandising… todo este mundo friki. Y comparto todo eso y mis gustos. Fui creciendo y llevo cuatro años dedicándome a esto. En realidad, se da por casualidad. Yo he estudiado fotografía y sonido toda mi vida. Y de repente me encuentro con que ahora hago contenido. Bueno, la vida a veces se da así. ¿Y por qué YouTube? Empecé a conocer a muchos compañeros que se unían a Vine desde YouTube. Yo lo hice al revés. Me decían que por qué no hacía doblajes más largos o explicaba las series que me gustaban y me animaban a comentarlas. Y todo eso solo te lo podía dar YouTube. De hecho, lo primero que comenté fueron videojuegos, haciendo doblajes de Tomb Raider. A partir de ahí, vas subiendo cosas y aprendiendo. «Ah, pues a lo mejor puedo hablar de esto o crear esta sección», piensas. Cuando tienes un canal de YouTube aprendes que va por secciones, días y horarios… No es como la tele, porque no tiene nada que ver, pero sí hay alguna semejanza. Vas aprendiendo la profesión. ¿Cómo se aprende a ser «youtuber»? Por curiosidad. Igual que empiezas en el mundo de la fotografía, que por supuesto existen cursos que te enseñan, pero siempre es la curiosidad la primera que te mueve. Sabes que si vas a hacer una sesión de fotos necesitas ciertos elementos: unos focos, una sala, un fondo… eso lo vas aprendiendo. En YouTube hay muchos compañeros, y te vas fijando: «Ah, mira, este compañero dice que sube contenido todos los lunes», «los hace de más de 10 minutos o menos de 5», «hace retos de este estilo, habla solo de esto», «este solo tiene un canal de tecnología»... Con el crecimiento también llegan las críticas. Todos los que nos exponemos pasamos por comentarios anónimos, ya seas periodista, actor, cantante… En esto, el criterio es tuyo. Si te duele mucho puede ser por dos cosas: que estés más sensible ese día o que estés de acuerdo con ese comentario y por eso te duela más. Y también hay que tener en cuenta que hay gente que es «troll» porque sí. En este caso, puedes echarle un cable dándole tu opinión o puedes eliminarlo si crees que va a dañar a la comunidad. Este punto es algo muy importante que los «youtubers» que deberían hacer. Muchos son partidarios de no eliminar nada pero, ojo, que te sigue mucha gente y a lo mejor ese comentario es muy dañino para ellos. Siempre puedes intentar hablar con él o ella por privado, no todo tiene que ser crítico. ¿Que si duele? Pues claro. A mí a veces me han puesto comentarios que me han dolido mucho y otro comentario parecido me ha dado lo mismo al día siguiente. Soy humana, como Chenoa. Cada día te sientes de una forma. ¿Son más fáciles de lidiar este tipo de situaciones con el tiempo? Sí, pero también es mucha más responsabilidad. Cuanto más creces, más comentarios negativos puede llegar a haber y, a la vez, más responsabilidad de qué imagen quieres dar al mundo, cómo quieres gestionar ese tipo de contenido, cómo quieres que lo vean tus seguidores… Hablando de responsabilidad. La última polémica acerca de los «youtubers» ha venido de la mano de Logan Paul. ¿Qué opinas al respecto? Lo bueno de que cualquiera pueda subir contenido a internet engloba tanto los aspectos positivos como los negativos. De repente, te llega Logan Paul, que lleva un nivel de vida surrealista para tener 22 años, que sube vídeos todos los días y nos la cuela a todos. Incluso a YouTube. El vídeo que hizo exponiendo a una persona que se acaba de suicidar está fuera de lugar. Creo que él no lo ha pensado, porque como está con sus colegas grabandolo y su vida tiene que ser una cosa sin sentido alguna, no le ha dado tiempo a relfexionar. Logan Paul tiene cosas divertidas, pero ese tipo de vídeo refleja su mentalidad, que es de una falta de respeto total. Eso sí, puedes pedir perdón y cada uno tenemos que aprender después de hacer algo mal. En este aspecto, pienso que YouTube ha tomado una buena postura y ha sido rápido. Y Logan Paul es un buen ejemplo de qué no hay que hacer para la comunidad «youtuber». «Ahora todo el mundo dice que somos idiotas porque hay uno que, de repente, nos ha representado a todos. Esto también ha pasado en España, con el «Caranchoa», por ejemplo» Pero ha conseguido poneros a todos en el punto de mira. Claro. Ahora todo el mundo dice que somos idiotas porque hay uno que, de repente, nos ha representado a todos. Esto también ha pasado en España, con el «Caranchoa», por ejemplo. Pero es que hay ciertos creadores que a mí no me representan y, como en cualquier trabajo, aquí también hay gente que es idiota. Sin embargo, a veces se mete en el mismo saco a todo el mundo, cosa que está mal pero que hay que luchar, no mantenerte alejado y dar voz. Por ejemplo, con el tema de Logan Paul, muchísimos «youtubers» hablamos de ello diciendo que no éramos así. En YouTube hay contenido maravilloso que no puede verse representado con este tío, que la ha cagado pero bien. ¿Ha cambiado el modelo de consumir contenido audiovisual e incluso información? Se puede poner de ejemplo lo que ha pasado con Operación Triunfo. Todo el mundo vive por y para un programa que decide poner su 24 horas en un canal de Youtube, no en la tele. Esto habla claramente de la juventud y de la forma de consumir: ahora mismo se ven más horas a los «youtubers» que lo que sale por televisión. Antes tú tenías que ver a Cruz y Raya -que yo soy muy fan, que lo veía con mi yaya- porque era lo que había. Ahora tú eliges cuándo, cómo, en qué idioma, todo. Y en Youtube puedes elegir de todo: da igual cual sea tu orientación, tu sexo, tu raza. Y por eso es tan importante iniciativas como #YoMeSumo, en las que se ve que somos todos diferentes y representamos la diversidad que hay en YouTube. Eso es brutal. Y en la tele, a día de hoy, no pasa. Imagínate ver una presentadora negra, lesbiana, gorda… Sin embargo, en Estados Unidos, me viene a la imagen una mujer que tiene un «morning» que es una tía más gordita, menos «guapa» y nadie la critica. Aunque aquí creo que vamos hacia un buen camino. ¿Y cómo encajan las redes sociales dentro de esta nueva dinámica? Estamos aprendiendo mucho. Igual que hay muchas cosas malas, que son muy fáciles de identificar, también hay muy buenas. Yo veo a mi hermana, que tiene 18 años, y aprendo mucho con ella por cómo va a manifestaciones, cómo lucha por el feminismo. Es algo que a mí, a su edad, me daba vergüenza, no entendía demasiado bien e incluso me daba miedo. Ella lo dice, lo reclama, no tiene miedo y, aparte, no juzga a nadie. Eso es fruto de las redes sociales, porque mi hermana ha crecido con ellas, no ha visto la tele nunca. ¿Y qué opinas del anonimato en las redes? La gente se queja sin más. Cuando alguien te llega de manera agresiva a tu canal o tus redes, da igual que seas famoso o no, denúncialo. Contacta con Instagram, Twitter o lo que sea y haz el favor de moverte. En YouTube tienes herramientas para quitar palabras y evitar insultos, por ejemplo. Puedes poner comentarios fijados, moderarlos... Pero hay mucho desconocimiento y hace falta hablar mucho entre nosotros, incluidos los creadores. Tú te metes en Twitter y hay tantos «haters» que ya casi te lo tomas a coña. Pero son «trolls» sin sentido, que ni siquiera hacen una crítica constructiva, sino que van a insultar. Fuera, hasta luego. Y siempre te queda la denuncia y contactar con la plataforma.
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