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«Creo que es posible para la gente normal elegir ser extraordinaria». Esta frase es una de las

«Creo que es posible para la gente normal elegir ser extraordinaria». Esta frase es una de las máximas de Elon Musk, calificado como «genio», «loco» o « el nuevo Steve Jobs ». Reverenciado por muchos, odiado por otros tantos, es el actual referente de un Silicon Valley en busca de nuevos ídolos que creen la nueva «rueda», el nuevo «fuego», la nueva «electricidad» (y, a ser posible, proporcionen grandes titulares con sus excéntricas personalidades). Y Elon Musk reúne todos esos ingredientes. Es el creador de SolarCity, una compañía dedicada al aprovechamiento de la energía solar; de PayPal, la plataforma de pago online más famosa del mundo; de Tesla Motors, la marca referencia en coches eléctricos; de SpaceX, firma con la que acaba de probar los cohetes más potentes del mundo; de Hyperloop, que son, básicamente, tubos gigantes al vacío pensados para transportar mercancías y pasajeros más rápido que los actuales trenes de alta velocidad; de OpenAI, una organización sin ánimo de lucro que quiere impulsar la inteligencia artificial «amigable»; y de The Boring Company, que vende desde gorras a lanzallamas para uso recreativo. Tiene 46 años y una de sus mayores preocupaciones es que los robots inteligentes destruyan la humanidad. Los comienzos de «Musklandia» «La motivación para crear todas mis empresas ha sido pensar en involucrarme en algo que pensaba que podría tener un impacto significativo en el mundo», afirma Musk, quien vendió su primer programa informático por 500 dólares cuando tenía 12 años. Se trataba de un juego del espacio llamado «Blastar», a semejanza del archiconocido «Space Invaders». Programador autodidacta, creó este videojuego desde su habitación, donde pasó muchas horas debido a que no era muy dado a hacer amigos (incluso sufrió acoso escolar). A los 17 años decidió, en contra de la opinión de sus padres, un ingeniero sudafricano y una nutricionista y modelo canadiense, irse a Estados Unidos para vivir «el sueño americano». «Ahí es donde las grandes cosas son posibles», dijo años después recordando aquella etapa en una entrevista a Florida Today. Titulado en Administración de Empresas y Física por la Universidad de Pensilvania, se podía vislumbrar su doble perfil: ingeniero y empresario. Dio sus primeros pasos en Silicon Valley de la mano de uno de sus profesores y, con Nicola Tesla como referente, fijó sus objetivos en «problemas importantes» como el desarrollo de internet, las energías renovables y el espacio. Este es el principio de «Musklandia», el término que el periodista Ashlee Vance utiliza para calificar todo el emporio creado por el excéntrico ingeniero en su libro «Elon Musk, el empresario que anticipa el futuro» (Ed. Península, 2016). En cuatro años consiguió crear de la nada Zip2, la plataforma de casi 200 sitios web, entre ellos algunos diarios pertenecientes a The New York Times o al gigante Hearst. En 1999 vendió la compañía por 300 millones de dólares y cambió totalmente de tercio. Esta vez ideó una empresa de servicios financieros y pagos vía correo electrónico con un alto nivel de seguridad que se convertiría en el medio de transacciones más famoso del nuevo milenio. Su nombre: PayPal. Tras venderla a Ebay en 2002, pasó al siguiente proyecto. La obsesión con Marte El espacio seguía obsesionado a Musk, quien ya tenía el dinero suficiente para adentrarse en proyectos más personales. En 2002 crea Space Exploration Technologies (conocida como SpaceX) con la intención de mandar un cohete a Marte. La compañía, aún en manos de este ingeniero, acaba de llevar a cabo una proeza histórica: lanzar el cohete más potente de la historia y que, además, es reutilizable. Este martes, a las 10.00 PM (hora española) se retransmitía en directo a través de YouTube cómo el Falcon Heavy despegaba para mandar un Tesla Roadster rojo brillante (pilotado por un maniquí, al son de «Space Oddity» de David Bowie e incluyendo una identificación en la que se leía «hecho en la Tierra por humanos») a la órbita espacial. Minutos después, como en una coreografía sicronizada, dos de estos cohetes aterrizaban en tierra, probando que sus «locuras» son posibles. Sus próximos objetivos: llevar astronautas a la Estación Espacial Internacional y, en un segundo paso, a Marte. De hecho, ya está buscando intrépidos astronautas para que «colonicen» en 2022 el planeta rojo. Un año después de la creación de SpaceX, Musk se interesó por el proyecto de la compañía AC Propulsion, que tenía un prototipo de coche deportivo eléctrico. En 2004 ya estaba invirtiendo más de seis millones de dólares que subieron hasta los 140 de gasto total en 2012. En 2018, Tesla Motors es considerada la primera empresa en comercializar el coche eléctrico y produce 20.000 unidades al año. Y subiendo. La tuneladora, el lanzallamas y las gorras Ya en el capítulo de excentricidades, Musk creó The Boring Company (en español, «la compañía aburrida») para dar cabida a sus proyectos más surrealistas. La iniciativa más llamativa es Hyperloop, un plan para crear túneles de vacío por debajo de las ciudades y «solucionar el problema del tráfico» gracias a cabinas que viajan a gran velocidad. Algo así como la mezcla entre el AVE y el Metro con tecnología punta. Para subvencionar el proyecto, vendió 50.000 gorras negras con el logotipo de la firma (a 20 dólares por pieza) y sorteaba entre los compradores un viaje en la ya famosa tuneladora. Quiso la fortuna que un murciano estuviese entre los agraciados para pilotar en primicia lo nuevo de Musk. Y entre lanzamientos de cohetes y vehículos eléctricos a motor, también ha creado un lanzallamas para «uso recreativo». El arma, que vale unos 500 dólares y que, según la compañía, cumple con todas las normas de seguridad en EE.UU., ha supuesto una facturación de diez millones de dólares y se encuentra agotado. «Cuando llegue el apocalipsis zombi estarás contento de haberte comprado un lanzallamas», afirma el marketing del producto, que viene acompañado de un extintor. Las ventas no hubiesen sido posibles si no contase con toda una estrategia de marketing, sobre todo en redes sociales, donde va desvelando píldoras de sus nuevos proyectos entre sus más de 5,5 millones de seguidores en Instagram. Great for roasting nuts 🔥 🥜 Una publicación compartida de Elon Musk (@elonmusk) el Ene 27, 2018 at 4:53 PST «Me gustaría morir en Marte, pero no estrellándome. Lo ideal sería ir de visita, volver a la Tierra por un tiempo y, después, regresar allí cuando tenga unos setenta años y quedarme definitivamente», confiesa a Vance en su biografía. Juzguen ustedes mismos si Elon Musk se trata de una persona «normal» convertida en alguien «extraordinario», tal y como él mismo afirma.
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